MIEL EN EL FONDO DEL TARRO
- Marissa Galvan

- hace 21 minutos
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La pastora Marissa predicó este sermón el 16 de agosto de 2026 en la Iglesia Presbiteriana Beechmont, basándose en Mateo 15:(10-20) 21-28.
Hasta el fondo

N. T. Wright, reconocido erudito inglés del Nuevo Testamento, comienza uno de sus comentarios sobre Mateo 15:10-20 con un relato acerca del Osito Winnie Pooh. Cuenta que Pooh intenta atrapar a un elefante —o, como él lo pronuncia equivocadamente, un «efelante»— cavando un hoyo a modo de trampa y colocando un tarro de miel como carnada. El problema es que la miel es la comida favorita de Pooh y no soporta dejar un tarro entero en la trampa. Así que comienza a comerse un poco… justificándose con la idea de que es importante asegurarse de que realmente haya miel hasta el fondo del tarro.
Después de todo, no estaría bien que hubiera otra cosa —quizá queso o algo parecido— en el fondo.

Por supuesto, para cuando está completamente seguro de que de verdad había miel hasta el fondo, el tarro está vacío.
Wright nos dice que, para Pooh, lo importante es lo que el tarro contiene en realidad, hasta el fondo. Si solo hay miel en la parte de arriba, pero algo muy diferente en el fondo, es necesario saberlo. Y afirma que esto se encuentra en el corazón de lo que Jesús dice acerca de la pureza. No podemos ser personas puras solo en la superficie. Tenemos que serlo hasta el fondo, hasta lo más profundo de nuestra personalidad.
Cuando Jesús habla de las palabras, está diciendo que nuestras palabras revelan lo que somos en lo más profundo. El problema es que, a veces, en el mundo religioso nos concentramos en cosas externas: si comemos sin lavarnos las manos… si comemos alimentos que, según las leyes, no deberíamos comer… si pertenecemos a una etnia que, según algunas personas, no debería pertenecer.
Algunas de esas leyes fueron establecidas para proteger al pueblo. ¡Debemos lavarnos las manos antes de comer! Pero cuando inventamos leyes para hacer que algunas personas sean más iguales que otras, es allí donde Jesús tiene un problema. Para Wright, las acciones que Jesús considera que hacen impura a una persona son cosas como el asesinato, el adulterio, la inmoralidad sexual y las demás que se mencionan en el pasaje. Las motivaciones que conducen a esas acciones se manifiestan en pensamientos y en palabras pronunciadas en voz alta, palabras que brotan desde lo más profundo de nuestra personalidad. Es como encontrar queso en el fondo del tarro en lugar de miel. Y a Jesús le encanta desafiarnos para que podamos comprender de verdad que debe haber miel arriba… y también en el fondo.
Jesús desafía a los discípulos
Cuando un pasaje del leccionario incluye una sección entre paréntesis, significa que quien predica puede omitir esos versículos y concentrarse en los demás. Sin embargo, me pareció fascinante que Mateo decidiera colocar el pasaje sobre la mujer cananea después de la conversación acerca de lo que hace impura a una persona.
Muchas personas han interpretado de diferentes maneras el encuentro de Jesús con la mujer cananea. Algunos y algunas intérpretes creían que Jesús no estaba rechazando a la mujer, sino haciendo aflorar una fe que él ya había reconocido en ella. Otras y otros piensan que el relato subraya que Jesús fue enviado primero a Israel, pero no exclusivamente a Israel. Algunas personas ven en esta mujer una representación de la iglesia gentil: quienes antes eran personas consideradas como de afuera, pero que, por medio de la fe, son recibidas en la familia de Dios.
Sin embargo, hay otras dos maneras de interpretar esta historia que la relacionan con la enseñanza sobre las palabras que salen de nuestra boca y con la cuestión de si somos personas puras o no.
Según la primera interpretación, Jesús aprovecha este encuentro como un momento de enseñanza, no para la mujer, sino para los discípulos. Jesús acaba de conversar con ellos acerca de cómo del corazón surgen, entre otras cosas, las malas intenciones y la calumnia. Estas son las cosas que hacen impura a una persona. Unos días después, llega una mujer y comienza a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio». Jesús no responde. Pero los discípulos le ruegan que la despida.
Las primeras palabras que salen de las bocas de los discípulos son: «Despídela, pues viene gritando detrás de nosotros». Queso en el fondo del tarro. Si la primera parte de este pasaje trata de «personas socialmente aceptadas que recalcan las diferencias externas y pasan por alto los asuntos del corazón», entonces podríamos decir que, en la segunda parte, son los discípulos quienes están pasando por alto los asuntos del corazón.
Jesús parece llevar el desafío aún más lejos cuando les responde a los discípulos: «No fui enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel». Es como si les hiciera un examen sorpresa para ver si Pedro y los demás finalmente aplican lo que han aprendido: que lo importante no es lo que está por fuera, sino lo que está por dentro.
Los discípulos llevan consigo todos los prejuicios de su época. Las diferencias de etnia, herencia, religión y género separan a esta mujer de las normas sociales con las que ellos crecieron. Además, ella está gritando, lo cual constituye una transgresión social, y su hija está poseída por un demonio, lo que provoca que también la hija sea marginada.
Aun así… la mujer demuestra lo que algunas personas de la erudición bíblica han llamado una conducta ejemplar, en contraste con la de los discípulos. Ella es un ejemplo de una fe profunda que no se da por vencida. Jesús no ha encontrado esta clase de fe entre los líderes religiosos con quienes se ha relacionado… y la primera reacción de los discípulos no resulta prometedora. Sin embargo, la respuesta de la mujer ante el rechazo de los discípulos y ante las palabras que posiblemente escucha cuando Jesús habla con ellos revela una fe valiente, audaz, perseverante y extraordinaria. Se arrodilla ante Jesús y dice: «Señor, ayúdame». Entonces Jesús lleva la situación a un nivel todavía más incómodo.
¿La mujer desafía a Jesús?
Es aquí donde otra interpretación del pasaje nos desafía y quizá hasta desafía a Jesús. Anna Case-Winters, en su comentario sobre este pasaje, dice que «la audacia, la perseverancia y la extraordinaria fe de la mujer cananea le dan poder para atravesar los límites que la circunscriben y, en cierto sentido, ella le da poder a Jesús para hacer lo mismo».
Cuando Jesús habla de que no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perros, quizá no espera que la mujer le responda. Tal vez él esté bajo la influencia de los mismos prejuicios con los que están lidiando sus discípulos. Tal vez todavía esté presionando a los discípulos para ver qué responden. Pero es posible que la respuesta de la mujer sorprenda a Jesús: «Sí, Señor; pero aun los perros comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos». ¡Estas sí que son palabras que revelan quién es ella en lo más profundo! ¡Hay miel en el fondo del tarro!
Prestamos atención a lo que dice la mujer porque lo que sale de la boca es más importante que lo que entra en ella. Jae Won Lee afirma que «en el primer incidente, Jesús pronuncia las palabras decisivas que iluminan a quienes lo interrogan; mientras que, en el segundo, es la mujer quien pronuncia las palabras decisivas que cambian la manera en que Jesús le responde». La mujer demuestra precisamente lo que Jesús enseñó: la verdadera impureza proviene de la condición del corazón, no de categorías externas como la etnia o la pureza ritual.
Por lo tanto, la mujer desafía a Jesús y Jesús aprende de ella. Como algunas personas han dicho, la mujer gana una discusión teológica con Jesús. Su perseverancia y su humildad al estar dispuesta a aceptar incluso las migajas de la misericordia les muestran a Jesús, a los discípulos y a cada uno de nosotros y nosotras que una fe profundamente arraigada en el corazón puede trascender las barreras étnicas y religiosas, tanto las de su época como las de la nuestra.
Amar de la misma manera
El título original de este sermón, que aparece en el boletín, cambió, pero surgió de un comentario sobre el Salmo 133 escrito por la reverenda Carmen Rosario. Allí afirma:
«La unidad no significa pensar de la misma manera, sino amar de la misma manera. No significa evitar las conversaciones difíciles, sino participar en ellas con humildad y gracia. No significa negar nuestras diferencias, sino permitir que el Espíritu las transforme en dones para nuestra misión compartida».
Estos pasajes nos presentan ejemplos de conversaciones difíciles. Conversaciones tan desafiantes que abren el camino para la transformación del corazón y de la mente. Nos desafían a seguir buscando para descubrir si hay miel hasta el fondo del tarro.
Siempre seremos diferentes. Así es la creatividad de Dios. Pero debemos disponernos a permitir que el Espíritu obre en nuestra vida de tal manera que siempre abramos los corazones a aprender y a cambiar. Los discípulos cambian. La mujer cambia. Jesús cambia. Y cuando cambiamos… hay miel en el fondo del tarro.
Puede haber unidad en nuestra vida porque la unidad no significa estar de acuerdo en todo ni pensar de la misma manera, sino amar de la misma manera. Y de eso, después de todo, se trata tener un corazón puro.






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