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El costo y la esperanza del discipulado

  • Foto del escritor: Marissa Galvan
    Marissa Galvan
  • hace 1 día
  • 8 min de lectura

Reflexión del sermón dominical: En el sermón de esta semana (21 de junio de 2026), reflexionamos sobre la diferencia entre el discipulado barato y el discipulado costoso. Jesús no nos llama a la comodidad ni a la seguridad, sino a un discipulado fiel marcado por el valor, la justicia y la esperanza. A través de la enseñanza de Jesús sobre los gorriones en Mateo, se nos recuerda que, aun en medio de las dificultades, Dios nos ve y nos ama.


Primero discipular, después perfeccionar

Esta semana estuve leyendo un artículo sobre Donald McGavran. Es conocido por muchas cosas, entre ellas por escribir Understanding Church Growth (Entendiendo el crecimiento de la iglesia) y por ayudar a iniciar lo que más tarde sería conocido como el movimiento de crecimiento de la iglesia.



El artículo explica que McGavran nació en una familia misionera en India. Creció hablando inglés e hindi. Más tarde, él y su esposa se convirtieron en misioneros con los Discípulos de Cristo y regresaron a India, donde trabajó entre el pueblo satnami.


El artículo señala que McGavran aceptó fácilmente que el bautismo, la comunión, la adoración y el liderazgo podían adoptar formas radicalmente distintas en diferentes comunidades, y que era más sabio permitir la diversidad en la praxis que imponer normas.


McGavran se oponía al sistema de castas de India. Después de regresar a Estados Unidos, se unió a una iglesia afroamericana y defendió la confraternidad interracial. Incluso envió una carta abierta a iglesias blancas de los Discípulos de Cristo en Indianápolis, criticando su completa segregación de las dos iglesias afroamericanas de la ciudad.


Y, sin embargo, el artículo aborda una pregunta difícil, resumida en su título que se puede traducir así. «El legado complejo de Donald McGavran: el fundador del movimiento de crecimiento de la iglesia estaba profundamente comprometido con la adaptación intercultural y la lucha antirracista. ¿Cómo llegó a convertirse en el favorito de cristianos blancos segregacionistas?»


Francisco Herrera, autor del artículo, identifica varias razones. El evangelicalismo le dio a McGavran un hogar y apoyó su trabajo de maneras que las instituciones denominacionales nunca lo hicieron. McGavran también se sintió cada vez más frustrado con formas de misión que no proclamaban intencionalmente la salvación en Jesucristo.


Pero, según Herrera, el problema más profundo era pedagógico.


McGavran distinguía entre discipular y perfeccionar.


Definía discipular, o hacer discípulos y discípulas, como la eliminación de creencias distractoras y divisivas de la vida comunitaria de un pueblo. Perfeccionar, lo que sigue al discipulado, era la transformación ética de ese grupo discipulado hacia vidas de santidad, justicia y fidelidad.


Según el autor, esta distinción generó dos problemas principales.


Primero, abrió una brecha entre la evangelización y la acción social. Separó la proclamación de la responsabilidad ética. Como escribe Herrera:


«Jesús nunca tuvo la intención de que, después de profesar amar a Dios, nuestra obediencia al mandamiento de amar al prójimo quedara pospuesta para un momento posterior y más conveniente. Ambas deben ir juntas». (Traducción de la autora)

Segundo, grupos evangélicos afroamericanos e hispanos señalaron que las ideas de McGavran ofrecían a los grupos evangélicos blancos una cobertura teológica para reinterpretar las iglesias segregadas como un esfuerzo de evangelización fiel, en lugar de ser una manifestación del racismo.


Cuando enfrentó estas críticas, McGavran reafirmó su postura. Declaró que insistir primero en la integración congregacional —creciera o no la iglesia— a menudo iba en contra de la voluntad de Dios.


El problema fue que, en muchos contextos —y esto continúa hoy—, «Primero discipular, después perfeccionar» se convirtió en «Primero discipular, perfeccionar... nunca».


He escuchado versiones de esto en conversaciones sobre crecimiento de iglesias latinas:

Vamos a evangelizar primero a quienes ya tienen ciudadanía y estabilidad económica. Después, más adelante, estarán preparados para evangelizar a otros.


Pero creo que este enfoque crea dos problemas adicionales.


Hace que el discipulado sea barato.Y empieza a asignar valor a las personas.


¿Qué es el discipulado?

En Discipleship: The Way of Jesus, John P. Burgess escribe que el discipulado puede parecer una palabra extraña porque hace exigencias inusuales y profundas sobre nuestras vidas.


Ser discípulo o discípula significa reconocer la autoridad de un señor. Significa someternos a la guía y corrección de una comunidad centrada en ese señor. Significa comprometernos con una forma de vida moldeada por ese señor.


Y ese Señor es Jesucristo.


No vivimos para nosotros/as mismos/as, sino para Jesús.


Respondemos a la gracia con obediencia y gratitud. Confiamos en Cristo, seguimos a Cristo, obedecemos a Cristo y damos gracias a Cristo.


El discipulado moldea nuestra forma de orar, adorar y servir.


También moldea nuestra forma de vivir éticamente.


¿Y qué significa eso? Vivir éticamente significa tomar decisiones y formar hábitos que reflejen el amor a Dios y el amor al prójimo. Significa encarnar la justicia y la compasión. Significa demostrar obediencia fiel a Jesucristo en cada área de la vida.


Vivir éticamente es aprender a vivir como nuestro Señor.


Como Jesús.


Eso significa que lo que McGavran llamó «perfeccionamiento», y lo que podríamos llamar santificación, no ocurre después, en un momento más conveniente.


El Espíritu Santo ya está obrando para transformarnos.


Como discípulas y discípulos, estamos creciendo ahora en santidad, amor, justicia y fidelidad. Continuamente estamos siendo conformados y conformadas a la imagen de Cristo.


No puede existir un «después» en la santificación.


Y ciertamente no puede existir un «nunca».


El discipulado nunca es puramente individual. Ocurre en comunidad, en servicio, en transformación… y con frecuencia en medio del desafío, la lucha y el temor.


El costo del discipulado

En la lectura de hoy, Jesús continúa enviando a los discípulos que ha llamado.


Y las cosas no parecen ponerse fáciles.


Como observa Sonia E. Waters, las implicaciones del discipulado se vuelven progresivamente más difíciles. Quienes siguen a Jesús serán calumniados y traicionados. Llevarán su cruz. La fidelidad podrá costar comodidad, reputación y seguridad.


Seguir a Jesús tiene un costo.


Existe algo en círculos de crecimiento de iglesias llamado el Principio de la Unidad Homogénea, ampliamente criticado, pero que aún parece persistir.


Este principio sostiene que las personas tienden a hacerse cristianas sin cruzar barreras raciales, lingüísticas o de clase.


La implicación práctica es simple: las iglesias suelen crecer más rápido cuando su membresía comparte una cultura, un idioma, una clase y una expectativa social.


En términos sencillos: es más fácil atraer y retener personas cuando todas ellas se sienten culturalmente en casa.


Pero, ¿eso tiene algún costo? ¿Es difícil? ¿Es eso lo que Jesús modeló?


La ironía es que iglesias como la Iglesia Presbiteriana Beechmont —congregaciones multiculturales y multirraciales— siguen siendo una minoría en Estados Unidos.


Sostener la diversidad es difícil. El crecimiento es posible, pero requiere liderazgo intencional y adaptación estructural. La retención también puede ser difícil. Los grupos minoritarios pueden tener dificultades para sentir un sentido real de pertenencia.


Este tipo de discipulado es arduo. Pero, ¿es costoso? ¿Es difícil? ¿Es eso lo que Jesús modeló?


Yo lo único que sé es esto: el discipulado que Jesús describe en este pasaje no es cómodo.

Es desafiante. Es costoso. No tiene nada que ver con privilegio o comodidad.


Tiene todo que ver con salir de nuestras zonas de confort y arriesgarlo todo, tal como Jesús lo hizo.


Como nos recuerda Denise Thorpe, la fidelidad a Jesús frecuentemente genera conflicto.


Ella plantea preguntas que también debemos hacernos: «¿Qué es lo que nos une? ¿Cómo permite el amor de Jesús que soportemos diferencias fundamentales que cortan como cuchillo?»


Estas son preguntas que el discipulado debe plantear. Y si las respuestas son demasiado cómodas o fáciles, entonces no estamos siendo los discípulos y discípulas que Jesús quiere que seamos.


La esperanza del discipulado

He leído este pasaje de Mateo muchas veces.


Pero esta vez, lo que más me llamó la atención fueron los gorriones.



En tiempos de Jesús, los gorriones estaban entre los animales más baratos del mercado.


Dos gorriones se vendían por un asarion, una pequeña moneda romana de valor casi insignificante.


En Lucas 12:6, Jesús dice que cinco gorriones se vendían por dos monedas pequeñas, lo que sugiere que los vendedores regalaban uno adicional.


Los gorriones representaban aquello que la sociedad consideraba casi sin valor.


Y, sin embargo, Jesús dice: «Con todo ni uno de ellos cae a tierra sin el consentimiento de su Padre».


Los gorriones revelan la esperanza del discipulado.


Y esa esperanza no consiste en que el sufrimiento nunca sucederá. La esperanza es que el sufrimiento nunca pasa desapercibido para Dios.


Las personas que la sociedad considera sin valor son profundamente amadas por Dios.


Recuerden lo que dije antes: uno de los problemas de «primero discipular, después perfeccionar» es que asigna valor a las personas que la iglesia decide buscar.


Cuando las iglesias crecen sin cruzar barreras raciales, lingüísticas o de clase, ¿qué están haciendo realmente? Están escogiendo a personas que se parecen a ellas, hablan como ellas, ganan como ellas y piensan como ellas.


¿Y qué pasa con quienes son diferentes? ¿Tienen el mismo valor? ¿Qué mensaje enviamos a quienes están en los márgenes cuando nuestras iglesias son tan homogéneas?


Jesús elige a los gorriones.


Jesús pudo haber dicho: Dios cuida de los leones. Dios cuida de las águilas.


En cambio, Jesús señala aves pequeñas, comunes y fácilmente ignoradas.


Los gorriones nos recuerdan que el costo del discipulado es real, pero también lo es el cuidado de Dios. Y en eso encontramos esperanza en lugar de temor.


Dios ve. Dios conoce. Dios está presente.


El discipulado arraigado en el miedo dice: Protégete. Quédate con los tuyos. Evita el riesgo.


El discipulado arraigado en la esperanza dice: Busca relación. Di la verdad. Vive con fidelidad. Ama con valentía. Confía en Dios.


Canta, pequeño gorrión, canta

Hay una canción de Marvin Gaye que le pide a un gorrión que cante. Una estrofa dice:


Cántame de paz y de amor
Cántame de Dios y de amor
Cántame sobre la inhumanidad del ser humano
Y toda la injusticia que ves
Canta sobre qué dar
Canta sobre cómo vivir

Los gorriones sobreviven a la adversidad mediante la comunidad, la atención y la adaptación.


Y siguen cantando.


Cantan sobre la paz y el amor.Cantan sobre la injusticia. Cantan sobre qué dar. Cantan sobre cómo vivir.

Los gorriones no sobreviven porque sean poderosos. Sobreviven porque son persistentes, atentos, conectados y sostenidos por el cuidado de la creación.


Quizá eso es lo que Jesús quiere que entendamos.


El discipulado no se basa ni es sobre tener poder. No se trata de vivr con comodidad. No se trata de proteger los privilegios.


El discipulado es sobre seguir a Jesús.


Y seguir a Jesús nos costará algo.


Puede costarnos la comodidad. Puede costarnos nuestras suposiciones. Puede costarnos la conveniencia. Incluso puede costarnos el poder que pensamos tener.


Pero aquí es donde el evangelio cobra vida.


Porque el discipulado no consiste en volvernos perfectos y perfectas antes de seguir a Jesús.


Consiste en seguir a Jesús y que Dios nos transforme en el camino.


Lo que esto significa para la iglesia

¿Qué significa esto para la iglesia?


Significa que no podemos decir: «Primero discipular, después perfeccionar», si lo que realmente queremos decir es: «Hacer justicia después»… o peor aún, «Hacer justicia nunca».


Jesús no nos llama a un discipulado barato.


Jesús nos llama a un discipulado costoso: el tipo de discipulado que cruza fronteras, dice la verdad y arriesga la comodidad por amor.


Este tipo de discipulado nos llama a escuchar profundamente, a compartir el poder, a abrir espacio para otras personas y amar a través de las diferencias.


No es fácil.


Pero precisamente ahí es donde nuestro Maestro quiere que estemos.


Y el Espíritu Santo ya está obrando entre nosotros.


No después. Ahora. Transformándonos ahora. Santificándonos ahora. Llamándonos ahora.


Así que sean como los gorriones.

Quizá pequeños.Quizá comunes.


Pero vistos por Dios.

Amados por Dios.

Enviados por Dios.


Canten, pequeños gorriones, canten.


Canten de paz y amor.

Canten de verdad y justicia.

Canten de valentía y esperanza.


Sigan a Jesús. Confíen en Dios. No tengan miedo.


Porque el Dios que cuida de cada gorrión también cuida de su creación, especialmente cuando cantar se vuelve difícil. Amén.


Bibliografía

Burgess, John P. Discipulado a la manera de Jesús. Reformándonos: Una fe en busca de entendimiento. Louisville, KY: Congregational Ministries Publishing, Presbyterian Church (U.S.A.), 2010.


Green, Joel B., Thomas G. Long, Luke A. Powery, Cynthia L. Rigby y Carolyn J. Sharp, eds. Connections: A Lectionary Commentary for Preaching and Worship. Año A, vol. 3, Season after Pentecost. Louisville, KY: Westminster John Knox Press, 2020.


Herrera, Francisco. «Donald McGavran’s Complicated Legacy». The Christian Century, 9 de junio de 2026.


 
 
 

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