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  • Marissa Galvan

Desenchufarnos y enchufarnos: Cuaresma 5

Marcos 1:35–39

35 Habiéndose levantado muy de madrugada, todavía de noche, Jesús salió y se fue a un lugar desierto y allí oraba. 36 Simón y sus compañeros fueron en busca de él. 37 Lo encontraron y le dijeron: —Todos te buscan. 38 Él les respondió: —Vamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que predique también allí porque para esto he venido. 39 Y fue predicando en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echando fuera los demonios.




Desenchufar y enchufar

Mi papá murió justo antes de la Asamblea General de la Iglesia Presbiteriana en St. Louis, Missouri que se celebró en el 2018. La razón por la que recuerdo esto tan claramente es por la forma en que elegí lidiar con mi dolor en ese momento. Viajé a Puerto Rico un miércoles, él murió el jueves, el funeral fue el sábado y regresé el domingo a Louisville. Cuando llegué, mami fue a buscarme al aeropuerto, agarré algunas cosas en casa y manejamos hasta St. Louis para estar en la Asamblea General durante los próximos cinco días.


Pensándolo mejor, después de tanto tiempo, reconozco que estaba tratando de escapar de mi dolor y mi pena, usando mi trabajo para hacerlo. Recuerdo tener que repetir lo que había sucedido cada vez que alguien que sabía que mi papá había fallecido me preguntaba cómo yo estaba. También recuerdo pasar ese lunes en un estado de entumecimiento, sin querer estar en la librería donde se suponía que debía estar... así que me escondí en las reuniones de comité durante la mayor parte del día.


La razón por la que comparto todo esto con ustedes es que mientras pensaba en el tema de la desconexión, también comencé a pensar en las formas en que nos conectamos a una cosa para desconectarnos de otra y como, a veces, no nos conectamos a las cosas con las que deberíamos conectarnos. Déjenme explicar lo que quiero decir con eso.


Desconectar con un propósito

Lynne M. Baab afirma, como lo hace con todas las disciplinas espirituales que hemos estado estudiando, que estas solo se convierten en una disciplina espiritual cristiana cuando se realizan con un propósito espiritual. Puedes ayunar... pero si no lo haces con un propósito particular o lo haces por alguna otra razón buena o mala... entonces no es una disciplina espiritual cristiana. Cuando buscas la simplicidad viendo programas de Marie Kondo, la famosa consultora de organización, y te quedas solo con las cosas que te dan alegría, pero no lo haces con un propósito espiritual intencional… entonces no es un propósito espiritual cristiano.


¿Cuál es el propósito entonces? Baab afirma que hay al menos dos: conectarse con Dios, porque quitamos nuestro enfoque de otras cosas y pasamos tiempo con Dios… y hacer espacio en nuestras vidas para que Dios nos transforme porque somos más capaces de prestar atención a lo que está pasando en ellas.


Jesús se desconecta y luego se conecta a Dios

Una de las historias que Baab menciona como ejemplo de cómo Jesús se desconecta es el pasaje de Marcos 1:35–39. A la mañana siguiente, después de que Jesús sana a la suegra de Simón y sana a muchas personas enfermas y poseídas por el demonio, Jesús se levanta antes de que salga el sol y se va a orar a un lugar desierto.


Como afirman varios comentarios, esta no es la única vez que Jesús trata de estar solo en el evangelio de Marcos. En el capítulo 6 se aleja de la multitud para ir a orar, y la noche, en que está a punto de ser arrestado, va al jardín a orar.


Sin embargo, la mayor parte del tiempo no logra alejarse, así que podemos imaginar que estos momentos de soledad son especiales para Jesús.


Podemos imaginar que Jesús se aleja con un propósito. Él necesita un descanso. Necesita reconectarse con Dios y consigo mismo para poder hacer frente a las muchas exigencias de su ministerio. Busca tener un espacio íntimo con Dios, por lo que busca un momento para prestar especial atención a la voz amorosa de Dios, a su dirección y a su apoyo.


Como seres humanos, nos podemos relacionar con la necesidad de Jesús de tener un tiempo a solas. La gente extrovertida también podría beneficiarse de un tiempo donde la mente haga silencio para tener una conversación con Dios (no un monólogo, sino una verdadera conversación) en donde hablemos y busquemos escuchar la voz de Dios, para que podamos reponer nuestra energía espiritual para continuar nuestro peregrinaje.


Jesús se desconecta... pero se conecta a la presencia, el amor y la gracia de Dios. Jesús se desenchufa… y como sabe dónde enchufarse, obtiene la energía que necesita para escuchar el llamado de los discípulos cuando aparecen con un llamado urgente: «Todos te buscan».


Desconéctate y conéctate

Es probable que piensen que con una práctica espiritual llamada «desconéctate» yo estaría dando un sermón sobre no usar el teléfono celular o no ver demasiada televisión. Lynne Baab lo recomienda cuando dice que un día, un fin de semana o un mes sin una o más formas de tecnología puede ser esclarecedor y refrescante. A veces es bueno no mirar Facebook. A veces necesitamos descansar de las noticias, especialmente en los últimos seis años. A veces sentarse en silencio en nuestras casas no está mal. Pero si estas cosas no se hacen con un propósito, con el propósito de conectarnos a Dios, con la intencionalidad de conectarnos con Dios y hacerle espacio a Dios, entonces podemos desconectarnos y conectarnos a cosas que no llevan al crecimiento, al descanso, y a la transformación con la energía del Espíritu Santo.


Por eso decidí, por ejemplo, desconectarme de mi dolor y conectarme a mi trabajo. Mi trabajo que se ve increíblemente sagrado y santo ya que trabajo para la iglesia. Vendí libros, edité, prediqué, hice funerales, lidié con una pandemia como pastora... pero tal vez, solo tal vez, necesitaba desconectar mi dolor y conectarlo con Dios... y con una buena terapia... y con algunas otras cosas que me hubiesen permitido afrontar mejor mi luto.


En este momento, que he vuelto a lidiar con el dolor de una manera tangible... donde he perdido a tres personas especiales de mi vida una detrás de la otra... estoy tratando de desconectarme de mi miedo de lidiar con el dolor y conectarme con Dios y con mis sentimientos. Es difícil, porque requiere la disciplina y la intencionalidad que usó Jesús cuando decidió salir cuando aún estaba muy oscuro, y llegar a un lugar desierto a orar. Jesús decide desconectarse y conectarse con Dios, para poder seguir teniendo las fuerzas para continuar su trabajo. Desconectarse de esa manera es lo único que nos permite seguir hacia adelante. Mi oración es que tú y yo podamos seguir desconectándonos de cualquier cosa que nos distraiga de caminar junto a Dios y de formas sanas y saludables de enfrentar la vida. Entonces podremos desconectarnos con la confianza de que Dios será nuestra fuente de vida, de energía, de amor, de gracia, de transformación y de propósito. Amén.

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