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  • Foto del escritorMarissa Galvan

Jesús se sale de la burbuja

Cuaresma 2

Rvda. Candasu Vernon Cubbage




“Oh, oh, ten piedad de mi. Oh, las cosas no son lo que solían ser”. Marvin Gaye cantó estas palabras en 1971. Sin embargo, estas palabras todavía dicen la verdad: Las cosas simplemente no son lo que solían ser.


Antes, solíamos reunirnos dentro de los edificios y las salas para hablar, reír y comer en grupo. Sin embargo, llegó la pandemia de COVID y todo eso cambió. No era seguro reunirnos. Algunas personas pensaban que al cabo de unas semanas, quizá unos meses, todo volvería a ser como antes. Mientras tanto, nos aislamos. Eso pasó de moda y como consecuencia algunas personas formaron pequeños grupos de familiares o amistades en los que sentimos que podíamos confiar para mantenernos saludables y seguros. Limitamos nuestro contacto solo a las personas que estaban en estos pequeños grupos. Algunas personas llamaron a esos grupos “pods” (“burbujas”) porque era como estar encerrados en un espacio protector donde podíamos permanecer seguros hasta que nuestras vidas volvieran a ser como eran. Sin embargo, la vida no ha vuelto a ser como era antes, por lo menos no en todos sus aspectos. ¡Señor, ten piedad!


En realidad, nos dividíamos en pequeños grupos de personas en las que confiábamos, mucho antes de que sucediera la pandemia. Levantamos muros que mantenían alejados a otras personas con la esperanza de que esto nos mantuviera a salvo. A salvo frente a ideas diferentes, o costumbres diferentes. A salvo frente a las personas que tratarían de arrastrarnos hacia su nivel. A salvo de la gente pecadora.


No damos la bienvenida a la gente extranjera dentro de nuestros hogares, de nuestros vecindarios, o de nuestras organizaciones. Si esta gente extranjera de alguna manera lograra entrar, a menudo la evitaríamos o la haríamos sentir incómoda hasta que se fuera y, con suerte, no regresara. Establecemos todo tipo de reglas para hacer que la inclusión en nuestras burbujas sea difícil, si no imposible.


Esto es lo opuesto a la hospitalidad. Esto es lo opuesto a la bienvenida a una comunidad. Esto es lo opuesto a la compasión.


En el Evangelio de Mateo, Jesús nunca regaña ni critica a la gente pecadora. Ni siquiera exige su arrepentimiento. Simplemente come y bebe con ella.


Jesús es ejemplo de hospitalidad. Es ejemplo de dar bienvenida. Es compasión.


Jesús proclamó: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”. “Bienaventurado” en el lenguaje arameo que hablaba Jesús significa “en el camino correcto” o “en el camino de Dios.” Así que las personas que son misericordiosas están en el camino correcto. La gente misericordiosa es la que está en el camino que Dios ha puesto delante de ellas. Jesús nos está llamando a la misericordia.


Sin embargo, la misericordia no es solamente sentir compasión. La misericordia existe cuando alguien hace algo que alivia la angustia.


Según la reverenda Dra. Margaret Aymer, decana académica y profesora de Nuevo Testamento en el Seminario Teológico Presbiteriano de Austin, “los cristianos, como los que escribieron el Nuevo Testamento, probablemente sabían muy poco hebreo. Fueron helenizados: crecieron hablando, escribiendo, leyendo y posiblemente orando en griego.


La palabra griega para "misericordia" es eleos.


“La gente cristiana que provenían de trasfondos judíos habrían conectado la palabra griega para misericordia con “lealtad al pacto” y “amor constante” de Dios por el pueblo de Dios. Habrían escuchado en las palabras de Jesús: [Bienaventurados] los que muestran amor constante, o lealtad al pacto, porque lo mismo les será mostrado a ellos.’”


“La gente cristiana que venía de trasfondos gentiles [que no estaba tan familiarizada con los escritos de los Salmos y los Profetas] habría escuchado esta bienaventuranza de manera muy diferente. Como se habría criado con la filosofía romana, esta gente cristiana habría conectado la palabra eleos con la palabra latina que significaba “piedad” o “clemencia” para quienes merecían ser castigados.


“Para estas personas cristianas, que no estaban en la montaña con Jesús, pero que se convertirían en líderes de la iglesia primitiva, esta bienaventuranza sonaría más como esto: '[Bienaventurados] los que muestran piedad o clemencia, porque recibirán la misma piedad o clemencia.’”


“La iglesia primitiva era una mezcla multicultural, [muy parecida a la Iglesia Presbiteriana de Beechmont]. Estas definiciones combinadas de eleos crearon algo que preservó un poco de cada cultura. Misericordia era apiadarse y mostrar clemencia y favor a la gente necesitada de una manera que demostrara una lealtad o fidelidad de pacto continua hacia ella. Quien muestra misericordia siente el sufrimiento de la otra persona cuando se enfrenta a su dolor, actúa en nombre de esa persona y demuestra una dedicación continua a esa persona más allá de la crisis inicial”.


La misericordia tiene tres pasos:

Paso 1: "Veo la necesidad", eso es un reconocimiento.

Paso 2: “Me mueve la necesidad”, eso es la motivación.

Paso 3: “Me muevo para satisfacer la necesidad”—eso es acción.


Pongamos la lectura del Evangelio de Mateo de hoy en su contexto. En el momento en que sucede esta historia, Jesús vivía en Capernaúm. Un día, mientras Jesús caminaba por el pueblo, vio a un hombre llamado Mateo sentado en el lugar donde la gente venía a pagar sus impuestos a Roma. Y Jesús le dijo a Mateo: “Sígueme”. E inmediatamente, Mateo se levantó y siguió a Jesús.


Poco después de eso, mientras Jesús cenaba en la casa, se dio cuenta de que Mateo no era el único que se había sentado con ellos para cenar. Había muchos recaudadores de impuestos y pecadores que venían y cenaban con él y sus discípulos. En esos tiempos, la gente generalmente no se asociaba con recaudadores de impuestos y otros tipos de pecadores si podían evitarlo.


De hecho, hicieron todo lo que pudieron para separarse de las personas que podrían transmitirles sus enfermedades o aflicciones, o que podrían tratar de desviarlas o tratar de cambiar la forma en que se estaban haciendo las cosas.


La mayoría de las personas en esos días se rodeaban de una burbuja. Preferían asociarse principalmente con las personas que estaban en su burbuja. Solo comerían con las personas que habían sido admitidas en la burbuja. Se mantuvieron lo más lejos posible de cualquier persona que no estuviera en su burbuja. La gente consideraba a los recaudadores de impuestos colaboradores de los ocupantes romanos. Los recaudadores de impuestos se ganaban la vida agregando tarifas a los impuestos que recaudaban. A menudo acumulaban enormes tarifas que eran realmente una carga para los contribuyentes. A los recaudadores de impuestos, junto con otros pecadores, no se les permitía entrar en las burbujas de las personas decentes y fieles.


Cuando Jesús invitó a Mateo a seguirlo y a ser parte de su grupo, fue escandaloso para Mateo, quien no estaba acostumbrado a ser incluido en la burbuja de nadie que no fueran los recaudadores de impuestos o considerados pecadores. Eso le hizo sentir aún más curiosidad por saber más acerca de Jesús y la forma de vida que Jesús enseñaba.


Cuando otros recaudadores de impuestos vieron y escucharon cómo Jesús recibía a los recaudadores de impuestos y a los pecadores, y aún comía con ellos, quisieron saber más acerca de este extraño rabino. Así que también ellos vinieron a cenar para ver y escuchar sobre Jesús y sus discípulos.


Cuando los fariseos se dieron cuenta de esto, dijeron a sus discípulos: "¿Por qué su maestro come con recaudadores de impuestos y pecadores?"


Pero cuando Jesús escuchó esto, dijo: “Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos. Vayan, pues, y aprendan qué significa: Misericordia quiero y no sacrificio. Porque yo no he venido para llamar a justos, sino a pecadores.”


Cuando Jesús declaró, Misericordia quiero y no sacrificio, él citó Oseas 6:6 que dice: “Porque quiero hesed y no sacrificio, el conocimiento de Dios más que holocaustos.”


Hesed es una palabra hebrea que significa tanto ‘amor constante’ como ‘misericordia.’ La palabra del Señor a Oseas fue: Dios desea amor constante, el tipo de amor que Dios nos prometió en el pacto que hizo con nosotros. Y Dios desea misericordia. Dios prefiere que demos amor y misericordia constantes a que hagamos sacrificios.


Dios desea que sintamos compasión y reconozcamos las necesidades de las demás personas, sin importar quiénes son, de dónde vienen o cómo adoran al Dios. Dios desea que reconozcamos las necesidades de las demás personas, que seamos movidos y movidas por esas necesidades y que Dios nos motive a hacer algo. Dios desea que actuemos para satisfacer esas necesidades y que sigamos actuando mientras existan las necesidades.


Jesús sabía que las personas a quienes les estaba proclamando las buenas nuevas estaban lamentándose: "Oh, ten piedad de mí, las cosas ya no son como solían ser". Ellas querían misericordia, querían compasión, querían que sus necesidades fueran satisfechas, querían acción y no solo palabras. Querían que las cosas fueran como antes.


Sin embargo, Jesús no vino a volver nuestras vidas a lo que eran. Jesús vino para llevarnos a vivir una vida que es mucho mejor de lo que era. Jesús nos llama a vivir vidas llenas de amor constante y misericordia, llenas de la misericordia de Dios, y la misericordia que a su vez mostramos a todas las personas que nos rodean mientras vivimos en comunidad en el Reino de Dios.


Que así sea. Amen.



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